
FULBO POR Argentina
Si hay un lugar donde el fútbol no es solo un deporte, sino una devoción religiosa, es Argentina. Acá nacemos con una pelota bajo el brazo. Es así, punto. Acá no importa si es martes a las 3 de la mañana, si el cielo se cae a baldazos, o si tu vieja te mira feo porque es su cumpleaños… si juega tu equipo, vos estás. ¡Y ni hablar si es para patear una pelota! Yo, personalmente, puedo faltar hasta a mi propio cumpleaños si hay fulbo de por medio.
Soy bonaerense, pero no de la city. De un pueblito rural del interior, que tiene unos 1.500 habitantes y queda a unos 300 kilómetros de la capital. Y capaz que ahora te preguntás: “¿Cómo pasaste de ahí a recorrer más de 100.000 kilómetros en 4 años, visitando más de 150 ciudades en 30 países?”. Fácil: “FULBO”, como diría el mismísimo Messi.
Vos ya conocés la historia de cómo nació FulboPorElMundo, ¿no? Aquel viajecito por Brasil, un 1×1 y de repente estaba arrancando un proyecto que, con el tiempo, se volvió una locura de esas que te llenan el alma. Pero ojo, esta idea tiene raíces profundas, una base bien argentina. Todo lo que soy, todo lo que viví, empezó en ese lugar donde el fútbol no se juega, se siente en la piel.
Argentina es un lugar imposible de describir cuando se trata de fútbol. Intento, pero es como querer contar con palabras cómo se siente el amor. Es algo que llevás tatuado en el alma, una forma de vivir la vida. Yo no elegí nacer ahí, no elegí ser argentino… simplemente tuve el privilegio.
Así que dale, ponele agua al mate, acomodate tranquilo y quedate un rato. Te voy a contar cómo es este romance eterno entre Argentina y el fútbol.
Argentina EN FICHAS

5 Templos
- La Bombonera
El ADN del futbol en Argentina
La «escuela argentina» no se trata solo de jugar bien; se trata de jugar lindo. Gambetas que hipnotizan, pases imposibles y goles que parecen coreografías. Es algo que aprendemos desde chicos en los potreros, esos campitos de tierra o pasto donde el sueño de ser Messi o Maradona empieza a tomar forma.
A toda esa magia le tenemos que añadir los condimentos extras, esos que nos hacen únicos en el mundo y por el que nos volvemos los mejores en este deporte (si, dije mejores, porque lo somos): HUEVO, GARRA, TRANSPIRAR LA CAMISETA.
En Argentina, tanto en la elite como en el barrio, nunca esta permitido perder. No existe esa idea de “jugar para divertirse”. Si quiero divertirme, juego en la PlayStation o me tomo un fernet con los pibes. El termino diversión no existe antes ni durante un picado, sino después, cuando comemos un asado y comentamos las jugadas del partido, mientras programamos el próximo de la semana que viene.
Ganar, ganar, ganar. Hemos adquirido esto en nuestro ADN desde que pisamos una cancha a los 6 años. Nos hemos acostumbrado tanto que, por momentos, nos olvidamos de jugar lindo y solo nos concentramos en el resultado.
“Si quieren chiches que vayan a la juguetería, nosotros ganamos y a otra cosa”

desafiame
Es tu turno.
En tu cancha.
Animate.
