FC 08 Bad Säckingen, Futbol Alemán por la Selva Negra
Jugando al futbol en el país Bávaro
Jugando al futbol en la Kreisliga A
Llegué a Alemania con la idea de conseguir club rápido. Después de visitar muchas ciudades, realizar unas cuantas pruebas y buscar el mejor entorno para aprender alemán, decidí elegir este pequeño pueblo que limita al borde de Suiza. Un club que, desde el primer entrenamiento, me hizo sentir como en casa.
Índice
Arrancando en Alemania: entre pruebas, decisiones y ganas de jugar
Alemania arrancó como arrancan muchas historias: con una mochila cargada de ilusión y cero certezas. Me había ido a probar a Berlín, con la idea de meterme en la Berlin Liga y ver hasta dónde podía llegar, y la verdad es que en la cancha me fue bien, me sentía cómodo, competitivo, como si el ritmo ya lo tuviera incorporado, pero afuera… el trabajo no terminaba de cerrar y ahí es donde te cae la ficha de que no alcanza solo con jugar bien, entonces tomé una decisión y me moví, porque si algo tiene este camino es que te obliga a no quedarte quieto nunca.
Terminé en Frankfurt, en esa zona medio difusa entre Hessen y Bayern, donde todo parece más ordenado pero también más exigente, y mientras laburaba en un catering —de esos trabajos que te exprimen pero te mantienen a flote— empecé de nuevo con las pruebas, porque al final del día yo había ido por el fútbol. Ahí aparece el Bayern Alzenau, que actualmente juega en la Regionalliga Südwest, la 4ta división del futbol alemán. El nivel era cosa seria. Entrenamientos intensos, ritmo alto, cero margen para boludear, y aun así me iba bien, estaba metido, enchufado, probándome como lateral derecho, encontrando mi lugar de a poco.
El equipo me quería fichar, y eso siempre es una sensación rara de explicar, como cuando todo empieza a encajar pero sabés que todavía falta una pieza, porque el fútbol te dice “sí, estás para esto”, pero la vida afuera te tira para otro lado. Y ahí fue donde otra vez el problema no fue la pelota, sino todo lo que la rodea. El trabajo no terminó de acomodarse, las condiciones no eran las que necesitaba para sostener ese nivel, y tuve que tomar otra decisión, de esas que pesan más de lo que parece.
Así fue como agarré todo y me fui para Baden-Württemberg, más al sur, a un pueblo llamado Bad Säckingen, pegado a la frontera con Suiza, a una hora de Basilea. Y ahí, sin saberlo del todo, estaba entrando en una de las etapas más intensas y reales que me iba a tocar vivir en el fútbol. Como si el viaje me fuera llevando de la mano, cada decisión me empujaba un poco más adentro de ese mundo donde no solo se juega, sino que se lucha por quedarse.
Llegando a Badén-Württemberg
Cuando llegué a Baden-Württemberg, más precisamente a Bad Säckingen —ese pueblito tranquilo pegado a Suiza donde todo parece ir más lento pero el fútbol sigue siendo igual de serio— sentí que estaba otra vez en el punto de partida, pero con más experiencia encima. Ya no era el mismo que había llegado a Berlín, ahora venía con rodaje, con entrenamientos duros, con pruebas encima… y eso se notaba.
Me empecé a mover rápido, porque en este juego si te quedás quieto, desaparecés. Me probé en varios equipos de la zona, ligas tipo Kreisliga A, B, C… lo que aparezca. Fui a Rheinfelden, a Wallbach, y también a los dos equipos del pueblo: el FC 08 Bad Säckingen y otro que estaba ahí cerca, que ni me acuerdo el nombre, pero en todos lados la sensación era la misma: había interés, había buena onda, había puertas abiertas. Eso te da confianza, te hace sentir que estás en el camino correcto.
Además, tenía algo a favor: venía con ritmo. Berlín, Frankfurt, entrenamientos intensos… no estaba arrancando de cero. Y como estaba tan cerca de Suiza, también empecé a cruzar. Me tomaba un tren a Basilea, una horita de viaje, bajaba, caminaba o agarraba una bici, y me iba a entrenar con equipos de allá. Era medio una locura, pero era lo que sentía que tenía que hacer. Y la verdad, también me fue bien. Me querían fichar en algunos lados.
Pero ahí es donde aparece la realidad.
Todo ese movimiento… todo ese esfuerzo… no venía acompañado de nada concreto. No había plata, no había ayuda, no había estructura. Era puro “vení a jugar” y listo.
Hasta que aparece el FC 08 Bad Säckingen.
Y ahí cambia todo.
Porque no solo me querían como jugador. Me ofrecieron algo más grande. Me pagaban la casa donde estaba viviendo, me daban plata para bancarme unos meses, y además se comprometían a conseguirme un trabajo. No era solo una camiseta, era una oportunidad de armar vida.
Entonces no lo dudé tanto. Y así fue como decidí firmar con ellos.
Arrancando en Bad Säckingen: hambre, equipo y una tarde para la historia
Una vez que firmé con el FC 08 Bad Säckingen, ahí sí sentí que todo empezaba de verdad. En los entrenamientos me iba muy bien, me sentía suelto, confiado, como si todo lo que había pasado antes —Berlín, Frankfurt, las pruebas— se estuviera acomodando en ese momento. El nivel del equipo era alto, posta. El arquero era un animal, de esos que te sacan pelotas imposibles y te hacen putear aunque sean compañeros, la defensa era sólida y había un pibe italiano-alemán que había jugado en ligas más altas, muy fino, muy inteligente. El hermano jugaba de cinco, metía todo, ordenaba, era el equilibrio. Y junto con el padre de ellos, que estaba metido en el club como director deportivo, fueron los que más me ayudaron desde el primer día. De esos gestos que no te olvidás más.
Arrancamos con la preparación de la copa de verano… y la ganamos. Campeones. Ahí ya se empezó a sentir algo distinto, como que el equipo tenía una energía especial. Después vino la Pokal, la copa regional, y arrancó la liga. Y uno de los primeros partidos fue de esos que te marcan.
Comienzo de la liga
Jugábamos contra un equipo que había estado en ligas mucho más altas, pero que por quilombos económicos había descendido varias divisiones. Igual, seguían teniendo jugadores pagos, bien pagos. Cuando entramos a la cancha, se notaba. Era como jugar contra una pared que se movía más rápido que vos, estaban un paso adelante en todo.
Pero nosotros teníamos algo que no se entrena fácil. Hambre.
Jugábamos de visitante. En una contra, Mahdi —nuestro delantero, rapidísimo— mete una corrida tremenda y gol. 1 a 0. Después… a sufrir. Nos metimos atrás, empezamos a aguantar como podíamos, y en el segundo tiempo nos llegaron tanto que nos empataron. Y seguían, y seguían… era un asedio constante.
Hasta que llega la última jugada. Me hacen una falta en mitad de cancha. No era nada, podía seguir… pero pedí asistencia médica. No por el golpe, sino para enfriar el partido, para romperles el ritmo, para que se desesperen un poco.
Mientras yo estaba afuera, se armó la jugada.
Tiro libre al área.
Centro…
rebote…
y uno de los que recién había entrado…
¡bombazo!
Gol.
2 a 1.
Última jugada. De visitante. Contra uno de los candidatos.
De esos partidos que no se juegan, se sobreviven.
Cuando el cuerpo tira y la cabeza no: el momento de irse
Arrancamos la liga muy bien, con confianza, entrenando fuerte y sintiendo que podíamos pelear arriba, y en ese contexto el club tomó una decisión clave conmigo: tenía que aprender alemán. Me pagaron un curso intensivo, porque en Alemania todo pasa por el idioma —las tácticas, las charlas, las arengas— y si no entendés, quedás afuera, así de simple. Entonces ahí estaba yo, entre el trabajo que me habían conseguido, las clases de alemán y los entrenamientos, tratando de sostener todo al mismo tiempo. Era como jugar tres partidos distintos en un mismo día, y la cabeza empezó a pasar factura.
Igual seguía.
Entrenaba, competía, y casi siempre arrancaba de titular. En la cancha respondía, pero el equipo empezó a mostrar grietas. Teníamos nivel, eso estaba claro, pero había algo que no terminaba de cerrar. Había un jugador, Kleidy, de Albania, muy bueno, sí… pero con esa actitud de querer hacer todo solo. En un partido metió seis goles, pero había pateado como dieciocho veces. Era más protagonista que efectivo, y eso a la larga te rompe la dinámica. El equipo se volvía predecible, dependiente, y nosotros lo sentíamos.
Más allá de eso, para mí lo que nos faltaba era hambre. Perdíamos puntos muy boludos. Partidos que ganábamos 2-0 los terminábamos empatando o perdiendo. Contra los equipos de arriba competíamos, jugábamos bien, incluso les ganábamos… pero contra los de abajo dejábamos puntos siempre. Y eso es lo que te saca del objetivo. Ahí empecé a sentir que algo no estaba funcionando.
Pero el problema no era solo el equipo.
Era yo también.
El trabajo me desgastaba, era monótono, no me llenaba. A veces no tenía tiempo ni energía para entrenar como quería, y eso me frustraba. Porque yo no había ido a Alemania a laburar por laburar. Había ido a jugar. Y cuando sentís que te estás alejando de eso, algo adentro tuyo se empieza a apagar.
Entonces tomé una decisión.
Irme.
Y fue difícil, porque ese equipo ya era mi casa. Los chicos, el club… me hicieron sentir uno más, como si fuera alemán de toda la vida. De esos lugares que no te adoptan… te abrazan. Y eso no se olvida.
Siempre voy a llevar al FC 08 Bad Säckingen conmigo. Los entrenamientos en invierno, el frío que te corta la cara, la lluvia, los viajes por Baden-Württemberg, las canchas… todo eso quedó grabado.
Pero entendí algo.
A veces, para no romper todo… hay que irse a tiempo.
Sentía que estaba estancado, que no avanzaba ni retrocedía. Y antes de frustrarme del todo, decidí moverme.
Y así terminé en Garmisch-Partenkirchen, en los Alpes bávaros…
donde, sin buscarlo demasiado…
terminé jugando un 1 vs 1 contra un marroquí.
Pero esa… es otra historia
Hace como yo: Viví una experiencia futbolera en el exterior
No se trata de jugar en otro país. Se trata de todo lo que te pasa mientras lo intentás.
Los viajes, los vestuarios, los idiomas que no entendés, las decisiones que te cambian el rumbo…
Eso es la experiencia.
Y eso… no se aprende mirando.
En FxM Academy te cuento como hice para viajar por el mundo jugando al futbol. Anímate!
desafiame
Es tu turno.
En tu cancha.
Animate.
y se aplican la Política de Privacidad y Términos del Servicio de Google.
DESAFÍO RECIBIDO
¡Gracias por tu propuesta!
Me contactaré con vos a la brevedad
para hacer posible este encuentro.
